Como entrenador de fútbol y seguidor del CD Tenerife, siento una enorme preocupación y tristeza por lo sucedido a Jesús de Miguel.
Quiero trasladar toda mi fuerza, cariño y apoyo a su familia y a sus compañeros en estos momentos tan difíciles.
Lo ocurrido también nos invita a reflexionar sobre algo fundamental: el fútbol es competición, intensidad, contacto, pasión y compromiso, pero nunca debe convertirse en violencia.
Como entrenadores tenemos una responsabilidad que va mucho más allá de enseñar a jugar, ganar partidos o conseguir resultados. También debemos educar en el respeto, el autocontrol, la deportividad y los valores que representa este deporte.
Se puede disputar cada balón con intensidad, defender un escudo con orgullo y competir al máximo, pero siempre respetando la integridad del adversario. El rival no es un enemigo: es otro deportista que comparte nuestra pasión.
Las imágenes de esta acción son tremendamente preocupantes y merecen una valoración rigurosa y las consecuencias que correspondan.
Porque antes que futbolistas, entrenadores o aficionados, somos personas. Y la vida siempre estará por encima de cualquier partido.
Muchísima fuerza a toda la familia blanquiazul.




