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La despensa de Jafet

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    En España, cada vez se oye más hablar de enfermedades que muchos pensaban que ya eran cosa del pasado. Nombres como el sarampión, la tuberculosis o incluso la sarna vuelven a aparecer en conversaciones, noticias y redes sociales. Esto hace que mucha gente se preocupe y busque explicaciones rápidas, a veces señalando a factores externos o cambios recientes en la sociedad. Pero la realidad es que no todo es tan simple como parece.

    Uno de los motivos más claros es que se ha bajado la guardia. Durante años, las vacunas y el sistema sanitario han mantenido estas enfermedades muy controladas, pero cuando parte de la población deja de vacunarse o se relaja con la prevención, los problemas pueden volver. También influye que hoy en día hay mucho más movimiento de personas entre países, algo normal en un mundo globalizado.

    Esto no va de señalar a nadie, sino de entender que la salud pública es cosa de todos. Vacunarse, informarse bien y no dejarse llevar por rumores es clave. Porque al final, más que discutir, lo importante es evitar que enfermedades que ya estaban controladas vuelvan a ser un problema real.

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    Ella, que atraviesa la ciudad con paso firme e inteligente, con cada movimiento exacto y seguro. Ella, que con su mirada observa, comprende y organiza, mientras todo a su alrededor gira y corre. Ella, que mantiene su centro; cuya presencia no impone, sino que enseña. Es exacta sin rigidez, eficiente sin perder humanidad, elegante sin artificio, poderosa sin alardes.

    Ella, con su bolso Louis Vuitton clásico, medias oscuras, zapatos de tacón bajo, abrigo de piel con vuelo —corte casi de los años 50 o 60—, pendientes discretos y su libro vintage contra el mundo. No grita lujo nuevo; grita clase acumulada durante décadas.




    Su presencia, un instante eterno en la calle



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    Imagina un cobertizo viejo, frío y mal ventilado en París. No parece el lugar donde se cambiaría la historia de la ciencia, pero allí Marie Curie y su esposo Pierre removían, hervían y trituraban toneladas de mineral de uranio.

    Después de años de trabajo agotador, lograron aislar unos miligramos de Radium y descubrir también el Polonium. Lo que nadie sabía en aquel momento era que estas sustancias emitían una energía invisible: la Radioactivity.

    Para Marie, sin embargo, aquello era simplemente hermoso. Por la noche, los pequeños tubos con radio emitían una luz azulada. El problema es que esas “luces de hadas” no eran magia. Eran partículas energéticas atravesando todo lo que encontraban a su paso… incluidas las células humanas.

    En aquella época nadie comprendía realmente el peligro. No había guantes especiales, ni protocolos de seguridad. Curie manipulaba materiales radiactivos directamente con las manos y los guardaba en los bolsillos de su bata. Décadas de exposición terminaron dañando su médula ósea y en 1934 murió de Aplastic anemia, una enfermedad causada por la destrucción de las células que producen la sangre.

    Lo más sorprendente es que la historia no terminó con su muerte. Los cuadernos de laboratorio de Curie siguen siendo hoy tan radiactivos que se conservan en cajas de plomo en la Bibliothèque nationale de France. Quien quiera consultarlos debe usar protección y aceptar un protocolo de seguridad. Incluso su tumba, en el Panthéon, está protegida con un ataúd revestido de plomo. No por simbolismo. Por precaución.

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    Hay una frase que, lamentablemente, se repite demasiado en España: “La vida sigue, sin más, sin responsabilidades.” Y no es un eslogan pesimista, es la constatación de un patrón que se extiende desde los accidentes más graves hasta las decisiones políticas más cuestionables.

    Lo ocurrido en el accidente ferroviario de hace un mes —47 personas fallecidas en plena recta ferroviaria— es solo el último capítulo de una historia que se repite de manera casi rutinaria: tragedia, indignación, luto… y silencio. Después, nada. Ni culpables, ni dimisiones, ni explicaciones convincentes.

    Durante la pandemia, 7.291 personas mayores murieron en residencias de la Comunidad de Madrid debido a unos protocolos que, en la práctica, impidieron derivaciones médicas que podrían haber salvado vidas. Aquello debería haber marcado un antes y un después en nuestra concepción de la responsabilidad política.

    La dimisión de Mazón tras la DANA llegó un año y pico después, tarde y arrastrada por los hechos, no por convicción moral. Para entonces, él mismo se había permitido compaginar la tragedia con “otras cosas”, como si la gravedad estuviera desconectada de la vida pública.

    En definitiva, el tiempo pasó, las ruedas de prensa se apagaron, llegaron otras noticias… y todo quedó en eso: dolor privado y consecuencias públicas inexistentes. 

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    El refrán español es sabio: “Quien ríe el último, ríe mejor”. Y vaya si se aplicó en Aragón, donde la política ha dado un giro que pocos esperaban… o quizás demasiados.

    Irene Montero soñaba con un ejército de inmigrantes africanos reemplazando a los “fachas españoles”. El resultado: Podemos pierde su única banca en las Cortes de Aragón, mientras Vox pasa a 14 escaños. Sí, han leído bien.

    Mientras tanto, algunos todavía se preguntan cómo es posible que haya quien vote al PSOE. Pedro Sánchez y Pilar Alegría, que cerraban campaña entre risas y gestos triunfales, hoy tienen motivos para reflexionar. Tras la debacle en Aragón —18 escaños, su peor resultado en décadas— las risas han cambiado de bando. El escenario deja claro que en política, como en la vida, quien ríe primero… termina llorando.

    Y no olvidemos a Ione Belarra, mostrando aquel frasquito mientras decía que llevaba toda la semana recogiendo lágrimas de facha. Ironías de la vida: hoy las lágrimas se vierten desde la sede de su propio partido. La moraleja parece sencilla: no toda carcajada garantiza victoria.

    Aragón ha hablado, y ha dejado a Podemos y al PSOE en un ridículo que será recordado. Porque, al final, quien ríe el último, ríe mejor. Y esta vez, la risa tiene dueño claro.

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    SOBRE MÍ

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    JAFET BARRETO Padre, esposo, hijo.

    Apasionado por la cocina y la fotografía, autor de 3 libros. Vinculado al mundo jurídico y con experiencia profesional en medios de comunicación. Jefe de Seguridad y Director de Seguridad Privada, habilitado legalmente en España con TIP.

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